Poltronas

Si salir de la crisis que afecta a España ha sido imposible durante el 2010 y las perspectivas para este año no son especialmente halagüeñas, en nuestro camino hacia la luz al final del túnel hay ciertos obstáculos que si en condiciones normales ya resultan complejos de evitar o saltar,

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Poltrona.jpgSi salir de la crisis que afecta a España ha sido imposible durante el 2010 y las perspectivas para este año no son especialmente halagüeñas, en nuestro camino hacia la luz al final del túnel hay ciertos obstáculos que si en condiciones normales ya resultan complejos de evitar o saltar, en momentos como este son auténticas minas puestas en nuestro camino: las poltronas.

La poltrona, según la RAE, es un asiento con respaldo, por lo general de cuatro patas y en el que solo cabe una persona. Adicionalmente, otro de sus significados es _ La (silla) que ocupa la persona que ejerce una elevada magistratura o dignidad _. A nivel popular, el término "poltrona" suele usarse como un término peyorativo con el que se identifica el puesto de trabajo ocupado por una persona con cierta capacidad de mando que se ha incrustado en su silla y no tiene ninguna intención de abandonarla. Para ello hará (o no hará) cualquier movimiento y tarea necesaria para que nada escape de su control y sobre todo para que nada, absolutamente nada, pueda amenazar su puesto de trabajo.

Cualquier empresa con una importante dedicación al desarrollo de software y contenidos para Investigación, Innovación y Desarrollo conoce muy bien el estado de esta cuestión: tiene un buen proyecto con el que presentarse ante una empresa que se ve parado, en primera instancia, por uno de estos personajes que ocupa una poltrona.

Aprendamos a conocerlos y sobre todo, cómo conseguir que se pongan de nuestro lado en el proceloso mundo comercial de las aplicaciones web.

El personaje
El Poltronista es un empleado con muchos años de trabajo en una empresa.

Su puesto actual le viene dado por el ascenso de sus compañeros a puestos de trabajo más relevantes, lo que le permite, por antigüedad, ir escalando poco a poco la pirámide ejecutiva de un negocio. Generalmente ha sido el segundo de abordo de un departamento o división y ocupa el puesto del ejecutivo saliente mientras se busca a un nuevo candidato. En muchos casos, esa selección no acaba de llegar nunca y el poltronista acaba haciéndose el dueño del puesto.

El poltronista por defecto retoma el refrán clásico «si funciona, no lo toques» para llevarlo un paso mas allá: «si aguanta, no lo toques». En general, el inmovilismo es su blasón y trata de evitar cualquier interrupción en su flujo de trabajo, da igual que sea para mejorarlo como para integrar nuevas opciones en el mismo. «Así se ha hecho siempre» es una gran frase clásica de este tipo de personaje en las empresas.

Para el poltronista lo mas importante es cubrir el cupo de objetivos marcados por la empresa siguiendo los métodos tradicionales de la misma sin incluir, bajo ningún concepto, una *innovación *que pueda romper su plácida vida.

El poltronista es también un ávido tiburón: cuando, por cualquier motivo, su departamento es capaz de idear, desarrollar y llevar a cabo un proyecto de cierta magnitud y relevancia con éxito, automáticamente se autoasignará toda la responsabilidad del mismo de forma global: desde la idea a parte de la ejecución hasta el resultado final. Por supuesto, si el proyecto no sale adelante, buscará la cabeza de turco apropiada para que pague las consecuencias mientras se esconde en su poltrona y advierte de nuevo que «todos estos cambios no han traído mas que problemas, volvamos a nuestra forma de hacer las cosas» incluso cuando la forma tradicional de hacer las cosas está desactualizada, consume mucho tiempo y recursos y es onerosa para la empresa.

Ganar la partida
Cuando te enfrentas a un ejecutivo o mando intermedio de este tipo en general es como dar golpes en una pared con la intención de pasar al otro lado.

Intentar un ataque frontal es una mala estrategia y todo aquello que suponga que el poltronista deba tomar una decisión, inmediata o no, es una pésima aproximación a la relación con el personaje (y la empresa), así que hay que buscar otros caminos. Un poltronista nunca toma decisiones: delega tareas con la seguridad de que si una parte o la totalidad de un proyecto sale mal, tendrá a quien culpar antes de dimitir por su (evidente) mala gestión del mismo.

El mejor de ellos es dejar que el ejecutivo en cuestión tenga "la idea" en vez de dársela nosotros "manufacturada". En la correspondiente entrevista solo hay que ir desplegando los diferentes elementos uno a uno y muy bien ordenados para que (con un poco de suerte en ocasiones porque algunos no son precisamente listos), el ejecutivo de repente tenga una "idea maravillosa" de su propia cosecha cuando realmente lo que hemos hecho es inducirle a llegar a una conclusión final "favorable" a nuestros intereses. Adicionalmente, hay que elaborar una lista en la que se muestre qué beneficios directos obtendrá "el ejecutivo" antes que la empresa, ya que estamos tratando con una persona que solo valora su proyección personal y no la de la empresa a que representa.

Otra buena aproximación a un elemento así es tratar de conseguir que el ejecutivo en cuestión delegue (cosa muy fácil, lleva haciéndolo toda la vida) en un tercero de su propio departamento con el que poder allanar el camino de una forma productiva para que sea posible ofrecer al ejecutivo un plan totalmente preparado, al detalle y (de nuevo) con todas las ventajas que puede suponer el plan para la empresa pero también para el mismo.

Luchar contra este tipo de personajes, sobre todo en tareas comerciales y de desarrollo de productos, es una tarea de titanes griegos. Hay que perseverar, no reblar (*) y tratar de mantener una relación que está basada en la vampirización del empleado, del comercial (propio y visitante) y del propio producto en sí. Solo con una buena táctica de acercamiento es posible llevar al poltronista a nuestro campo.

Reblar (del sup. lat. "revirare"; Ar.) intr. Acobardarse y *retroceder ante un peligro, o *desistir de algo por encontrarlo difícil o expuesto. *Flaquear