más rápido, más rápido, más rápido

Acostumbrados a los avances tecnológicos, apenas nos asombra que cualquier ordenador doméstico, de los que usamos actualmente en casa o en el trabajo, tenga una potencia de cálculo superior en varios órdenes de magnitud a la que se necesitó para llevar al Apolo 11 a la Luna en 1969. Un

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Acostumbrados a los avances tecnológicos, apenas nos asombra que cualquier ordenador doméstico, de los que usamos actualmente en casa o en el trabajo, tenga una potencia de cálculo superior en varios órdenes de magnitud a la que se necesitó para llevar al Apolo 11 a la Luna en 1969.

Un poco antes, en 1965, Gordon Moore ya vaticinó, con la ley que lleva su apellido, la trepidante progresión hacia la fabricación de ordenadores más rápidos y potentes basados en transistores y circuitos integrados.

Recientemente, el propio Moore ha puesto una fecha de caducidad de entre 10 y 15 años a la validez de su ley, pues las tecnologías de integración están empezando a alcanzar los límites físicos en cuanto a reducción de tamaño, aumento de frecuencia y disipación de calor.

Intel, la compañía de la que Gordon Moore fue cofundador, también corrobora dichos límites, y en un reciente comunicado apunta a un futuro cercano dominado por procesadores con 10 o más núcleos, en lugar de un gran núcleo concentrado. La principal dificultad de este cambio de enfoque estriba en que será necesario también un cambio de paradigma en el software. Los primeros productos de esta nueva gama de procesadores de Intel, denominada Larrabee, comenzarán a ver la luz a partir de 2009 o 2010.

Por otra parte, en el ámbito de los superordenadores, la última vecina en llegar al barrio es MariCel, una idea y prototipo del Barcelona Supercomputing Center (BSC) para un computador que será 10 veces más rápido que la máquina más potente de la actualidad, alcanzando la barrera de los 10 petaflops.

Fotografía del supercomputador RoadRunner

A día de hoy, y según la lista Top500, el máximo honor recae sobre RoadRunner, el correcaminos. Pero no es terreno para dormirse en los laureles, pues las plusmarcas se suceden sin tregua en estas olimpiadas de la computación, cuyo lema parece ser un permanente y exigente "citius citius citius".